Postales Lejanas

Me despertó la luz del sol colándose por  las finas cortinas de la mañana. Era extraño no despertarse en la suavidad de mis sábanas. Todavía en piyama bajé las escaleras a preparar el desayuno. Cuando mire la ventana me asombro no ver las típicas calles transitadas de gente malhumorada por el tránsito. Solo el campo desierto.
Pasé la mitad del día viajando al pueblo más cercano. Había vuelto ya a las cuatro y cinco de la tarde. Cuando empecé a guardar todos los alimentos en la espaciosa cocina  escuche el sonido de algo deslizándose debajo de la puerta de entrada. Fui caminando sorprendida, ya que estaba en un campo prácticamente desierto.
Era un sobre que contenía una postal sin estampilla pero con mi nombre escrito: “Para Sandra Muller”. La postal tenía una imagen de una brújula de tinta. Lo único que decía era “El café de Flo”. “¡Que extraño! ”, pensé; “Ese fue el último lugar que visite con mi papá “.
Al otro día decidí hacer una llamada a mi mamá. El día transcurrió muy rápido. Exactamente a las cuatro y cinco recibí una nueva postal, esta vez tenía la fecha de la muerte de mi padre. A estas alturas empecé a pensar que esto se estaba poniendo raro. ¿Quién será el que manda estas extrañas cartas?, pensé, ¿Por qué ocultaba su identidad?. Esas eran las preguntas que tenía en mi cabeza durante últimos días.
Tres días después llegó una nueva postal que tenía una imagen de un árbol de tinta , esta vez decía: “En el bosque del pueblo más cercano, en el arrayan”. Agarre mi campera sin dudar.  Sentía que si iba ahí me iba a encontrar con el extraño que enviaba las postales.
Eran las cinco de la tarde y yo ya estaba entrando al bosque. Diez minutos después estaba parada exactamente enfrente del único arrayan del bosque, cuando noté que estaba pisando un papel: “¡Otra postal!”, exclamé. Estaba adentro de un sobre. Cuando lo estaba a punto de abrir, algo me sobresaltó e hizo que soltara un grito ahogado: una mano de tinta salió de la carta y me arrastró a un mundo donde no existía el tiempo ni el espacio. Me encontré parada en una habitación a oscuras. ¿Dónde estoy?, pensé, ¿Estoy alucinando?. De repente una de las paredes se iluminó y en ella empezó a pasar un video… en una esquina del video estaba la fecha de la muerte de mi padre, aquella noche de Julio. Me empecé a sentir mareada, no lograba entender dónde y porque estaba en esa habitación tan extraña. Hasta que en el video apareció mi papa en primer plano. Me sorprendí mucho, él estaba en su laboratorio, vestido como siempre. El video no tenía sonido, pero él estaba sosteniendo algo con orgullo. Y entonces la cámara que grababa a papá se empezó a mover, hubo una explosión y el video termino.
Me desperté una mañana más entre las ásperas sabanas de la casa del campo. Tenía una sensación de angustia, no entendía porque. Hasta que recordé todo: ¡La carta!. ¿Qué había pasado?, no lograba recordar… ¡El video!. Esa misma mañana decidí volver a la ciudad para hablar con mi mama sobre aquella noche de Julio, necesitaba respuestas…

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